Savia, imagina una revolución: la tuya, la nuestra
La construcción de este espacio es un camino sinuoso en el que saber que estás del otro lado genera la fuerza exacta para continuar: gracias, Savia, por tu abrazo a esta nueva era.
En la última huella te contaba que a veces conviene romper todo para resurgir de la nada y crear algo radicalmente nuevo. Aunque, para hacerlo, siempre es útil y necesario utilizar algunas ramas viejas que añadan sustancia al primer calor del fuego regenerativo. La experiencia, casi siempre, es un valor: no la subestimemos. Pero en su justa medida. No permitamos que nos ate las manos y nos quite la valentía que implica atreverse a soltar y crear un camino propio de la única forma posible.
¿Cuál? Caminando, con un pie detrás del otro, sin que las voces nos saquen de la ruta que decidamos marcarnos. No sólo las agoreras, sino también las que nos seducen con otras posibilidades que se alejan de lo que hemos escuchado de forma profunda dentro de nosotras mismas. Sí, también hay que tener un punto de inconsciencia porque si supiéramos el final o los obstáculos que podemos encontrarnos en el camino, quizás ni siquiera diéramos el primer paso. Por eso hay que estar muy convencida, muy presente, muy en actitud de escucha con lo que nos sucede y nos lleva hasta el momento exacto en el que dices ‘basta’: ahora me toca a mí. Ponerme a prueba y saltar hacia el deseo.
Cuando tomé la decisión de crear SAVIA era verano en el valle. Era más sencillo parar el ruido externo que me decía que no saliera de la carretera, que fuera, en el camino salvaje, las hierbas se te enganchan a los tobillos y lo más normal es caerse y llenarse de rasguños. Cuando llegó el otoño y volví a reconectar con muchas personas de mi vida anterior, tuve miedo. Esas voces desconfiaban, les parecía, otra vez, una lástima que tomara el sendero de lo desconocido en vez de tratar de reengancharme con una vida profesional más “previsible” y “cómoda”.
Cuando tomé la decisión de crear SAVIA no lo hice sola. Mi autosuficiencia congénita me ha llevado casi siempre a pensar que podría reinventarme sin nadie, encontrar la salida al laberinto en el que había convertido mi vida por intentar hacer del mundo un lugar mejor desde un espacio que, claramente, no era el mío. Estaba perdida, agotada, triste, solitaria y final. Pero apareció una bruja llamada Marina que me escuchó con profundidad y me hizo ver que lo que yo sentía, el motor que me había movido a tomar las decisiones que tomé, no había cambiado. Mi deseo era que más gente pudiese tener una vida mejor, que tuviera la oportunidad al menos de plantearse que la reconexión con una vida más natural y vinculada con lo creativo era una posibilidad cierta.
Entonces, si ese era el motor, ¿cómo ponerlo de nuevo en marcha desde un mecanismo distinto? Solo era posible con una lectura introspectiva profunda, tal vez la más interna que hice nunca, sobre qué quería hacer desde lo que realmente era tras varias experiencias difíciles de digerir pero que, sin duda, me habían convertido en una Violeta renovada y, tal vez, sí, más sabia. Una Violeta que podía entonces compartir un aprendizaje de un modo mucho más auténtico y profundo que antes.
Así nació SAVIA. Y es verdad que no es sencillo. Mi amigo Dani Pérez Rodríguez, que ha creado una empresa maravillosa poniendo a las personas en el centro, tomó la decisión de construir su negocio con cuatro hijos y ninguna certeza. Lo entendía cuando me lo explicaba para el libro que pronto publicará y con el que pude ayudarle en las primeras fases de gestación pero, ahora que yo estoy transitando este camino, lo entiendo mucho más. No es fácil crear algo de cero pero, sobre todo, no es fácil hacerlo mientras se pelea con los fantasmas del pasado: las mochilas que llevamos a cuestas pesan demasiado.
Sé que van a irse cuando SAVIA sea una realidad tangible: ahora tengo más pasado que futuro y el presente es pura incertidumbre. Pero, ay, savias, lo precioso que está siendo este proceso a pesar del agotamiento. Estamos generando un espacio en el que vamos a ofrecer herramientas para que quienes se sienten tal vez perdidas, tal vez ahogadas por el día a día y la falta de sentido, lo encuentren. Un club, una escuela y un ágora serán los tres ejes para salir del laberinto que hemos empezado a trazar con estas huellas.
Hoy quiero darle las gracias a Marina, que me guió, a Dani, que me animó, y a todas las personas que no me olvidaron cuando el silencio cubrió mi realidad. Ellas saben quiénes son. Y son, también, parte de SAVIA. A ellas dedico este proceso de (re)construcción. De hecho, quiero agradecer a todas las que se están queriendo sumar a este espacio: ojalá crezca tanto que todas podamos compartir en él lo que tenemos para ofrecer a las demás.
Savia será mi revolución y espero, amiga, que sea también la tuya.
¿Estás lista?
Si quieres unirte a la lista de espera para ser de las primeras en formar parte del club que iniciará a principios de 2025, escríbenos a este mail: info@escuelasavia.com
¡Será hermoso!
Hasta la próxima huella.







Muy orgullosa de ti y de esta escuelaza que nace!!!